martes, 3 de junio de 2014

viernes, 23 de mayo de 2014

Silvia Federici * sobre trabajo sexual, estigma y feminismo

compartimos un fragmento de la entrevista realidad en el marco del 6º Festival Subversivo en Zagreb, Croacia en el año 2013.

Extraído dehttp://feminismeetputerie.wordpress.com/2014/03/15/question-ok-2/

Traducción de Cesar Tisocco (Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual - Argentina)

(Pregunta) Bueno, la institucionalización de la prostitución. Algo que la constitución europea permite. No vemos mujeres prendidas fuego como en Bangladesh, pero sí vemos burdeles en la frontera de Austria y de República Checa y pienso que es una lucha muy importante en conformidad con la prostitución institucionalizada...

Silvia Federici: Pienso que hay una continuidad con los años 80´ y el proceso de globalización y, de alguna forma, su fase inicial, el período del desarrollo de las relaciones capitalistas. Los que leyeron Calibán y la bruja sabrán que hablo de la masificación de la prostitución. Una de las principales consecuencias de la expropiación de la tierra fue sin duda la masificación de la prostitución. Al mismo tiempo que la prostitución había sido aceptada en la Edad Media, fue criminalizada y no obstante, por supuesto, fue uno de los caminos a los que recurrieron las mujeres para, básicamente, acceder a las tierras comunales. Vemos los mismos procesos en la actualidad. Es más, ha habido una masificación de la prostitución como trabajo sexual alrededor del mundo.
Pienso que hasta cierto punto pero pienso que de forma limitada, el aumento de la cantidad de mujeres que se están volcando al trabajo sexual ha tenido que ver con el movimiento feminista. Este contribuyó a socavar el estigma moral del trabajo sexual. Pienso que el movimiento de mujeres también les dio poder, por ejemplo, a las prostitutas para representarse a sí mismas como trabajadoras sexuales.
No es una coincidencia que cuando comenzaba el movimiento feminista, comenzaba el movimiento de las trabajadoras sexuales en Europa, por ejemplo. Con el estigma, las feministas también atacaron la hipocresía: la madre santa, esa visión de la mujer, la completamente sacrificada y la prostituta, esa mujer que ejerce el trabajo sexual pero por dinero.
Y le pagan, entonces está violando la primera regla: que la mujer trabaja a cambio de nada. Y tenemos la separación de la "mujer mala" de la "mujer buena". El movimiento de mujeres realmente desafió esa separación y de esa manera les dio poder a las trabajadoras sexuales para movilizarse.
Por consiguiente, aumentó la cantidad de trabajadoras sexuales... Hay muchas mujeres: estudiantes, también amas de casa, que yo conozco, en Estados Unidos, que se dedican al trabajo sexual como complemento de los trabajos en los que no ganan lo suficiente, o para pagar su educación. Conozco muchos, muchos casos de mujeres que hacen eso. Y más ahora que existe el trabajo sexual electrónico, se puede realmente hacerlo desde tu habitación; por ejemplo, sexo interactivo. No sé si ustedes tienen este tipo de trabajo sexual. Pero el sexo telefónico, el sexo interactivo, son formas en que el trabajo sexual se puede integrar a sus rutinas, mientras cocinan. Pero mucho del aumento de trabajadoras sexuales tiene que ver con las condiciones de vida. Al fin y al cabo, el trabajo sexual es más rentable que trabajar de mucama. Muchas mujeres, he investigado sobre mujeres inmigrantes que migraron como mucamas, enfermeras y en muchos casos después de uno o dos años, sí pueden optan por ejercer el trabajo sexual porque pueden ganar más en mucho menos tiempo.
Pero por supuesto que como en el seno del trabajo sexual se encuentra todo tipo de coerción, de brutalidad, el negocio del sexo es uno de los más violentos. Pero no es el más violento. Si trabajás en un Zona Franca de Exportación tu vida está en mucho más peligro que si trabajás en un burdel o en la calle.
Pienso que hay un problema fundamental en el movimiento feminista. El movimiento feminista está realmente dividido en lo que respecta al trabajo sexual. Y no sé cómo es acá en Croacia, cómo es en los Balcanes, pero sé que hay muchísimas discusiones con amigas feministas, que suelen estar del otro lado, porque tengo algunas amigas, algunas feministas, que no quieren ni escuchar del trabajo sexual. Piensan que el sólo hablar de trabajo sexual es validar una actividad contraria a los derechos de las mujeres, que es contraria básicamente a la imagen transformadora de las mujeres.
Y por otro lado, hay muchas otras feministas que ven al trabajo sexual como un tipo de trabajo legítimo entre las opciones de las que disponen las mujeres, y yo me posiciono en este segundo grupo. Pienso que criticar particularmente a las mujeres que eligen el trabajo sexual es una visión miope, porque deriva de un posición moralista, dado que hay muchas otras formas de trabajo que también exponen a las mujeres a las mismas situaciones peligrosas. Y quizás en algunos casos incluso más. Y exponen a las mujeres a situaciones que básicamente las ponen en una posición completamente subordinada, y esa es una posición que las hace vulnerables a la violencia también.
Bueno, voy a parar acá. Me gustaría escuchar, quizás, algunos comentarios de ustedes sobre la cuestión.
(silencio)
(moderadora): comentarios, por favor. No teman hablar de sexo.

(más silencio)


 


Silvia Federici (1942, Parma, Italia) es un escritora, profesora y activista feminista estadounidense situada en el movimiento autónomo o autonomismo dentro de la tradición marxista.
Es autora del conocido libro de 2004,  Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria y en 2013 el libro Revolucion en Punto Cero. Trabajo Domestico, Reproducción y Luchas Feministas. Ambos diponibles gratis en http://www.traficantes.net/

jueves, 22 de mayo de 2014

Día del trabajador (sexual)

Traducción de Cesar Tisocco (integrante Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual)

Suelo decir que investigar sobre prostitución me hace más una historiadora del trabajo que una historiadora de la sexualidad. A pesar de que las mujeres que vendían sexo en el pasado eran agrupadas en las mismas categorías que los homosexuales y otras actividades percibidas como desviaciones sexuales, ellas conectaban sus acciones no con su sexualidad sino con su trabajo.

Trabajadores sexuales celebran y protestan en el 10º día Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales, 2011 (imagen: feministe.us)
También solían verse como grupo de trabajadoras. Contamos con evidencia de identidades colectivas y asociaciones de trabajo entre prostitutas en el siglo XIX: un ejemplo notable son las docenas de mujeres que marcharon por las calles de Aldershot golpeando ollas y sartenes en protesta por el cierre de burdeles. Para la década de los 50 del siglo XX, la organización de algunas prostitutas en Londres equivalía a lo que la socióloga Rosalind Wilkinson llamó “estatus gremial”. Esta investigación sociológica temprana reveló los comienzos de lo que se convertiría en un poderoso movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales. Para la década del 70, prostitutas en Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña (para nombrar solo algunos países) se estaban organizando y protestando por protección y derechos laborales.
En el siglo XXI, muchas mujeres que venden sexo eligen llamar a su actividad “trabajo sexual” y autodenominarse “trabajadoras sexuales”. Esto puede tener significados diferentes para distintas mujeres. Para algunas, reconoce su trabajo como algo normal, necesario y respetable. Para otras, sirve para diferenciar su trabajo sexual de sus propias sexualidades. Y otras lo usan para insistir en que el trabajo sexual debe ser considerado como cualquier otro trabajo: un trabajo en el que pueden ser explotadas o no explotadas, que pueden elegir o no elegir.
Como historiadora, uso los términos “trabajo sexual” y “mujeres que vendían sexo” para evitar el anacronismo, pero reconozco de forma explícita que para la mayoría de las mujeres que vendían sexo en el pasado, la prostitución era un trabajo. Debe analizarse tanto como historia del trabajo que historia de la sexualidad. De hecho, si quisiéramos pensar en la prostitución en términos de historia de la sexualidad, deberíamos mirar más a los hombres que la consumen que a las mujeres que la ejercen. Hasta el momento, hay una ofensiva escasez de estudios históricos (o contemporáneos) sobre las numerosas personas que participan en el sexo comercial.
Como historiadora y feminista, soy consciente de las batallas que se generan en torno al término “trabajo sexual”. Algunas feministas insisten en usar el término “mujer prostituida”, implicando que ninguna mujer elegiría vender sexo. De hecho, uno de los “hechos” que más escucho de estudiantes y personas comunes cuando se enteran de mi investigación sobre prostitución como un trabajo de las mujeres, es que “ninguna niña dice que quiere ser prostituta cuando crezca”. Dejando de lado todos los argumentos en contra de esta afirmación, tampoco ninguna niña dice que quiere limpiar baños cuando crezca.
El mundo, antes y ahora, está lleno de gente que no han elegido sus trabajos. Las mujeres que vendían sexo en el pasado lo hacían como reacción en contra de otras elecciones laborales mal pagas, arduas y humillantes en las que eran explotadas y debido a la falta crucial de apoyo social. Varios estudios de fines del siglo XIX descubrieron que hasta la mitad de las mujeres que vendían sexo en Gran Bretaña habían sido empleadas domésticas, y que la mayoría había odiado tanto ese trabajo que lo habían dejado voluntariamente. “¿Qué me van a dar si dejo esto: un trabajo en una lavandería por dos libras a la semana, cuando puedo fácilmente ganar veinte?” le preguntó una prostituta a una agente de policía en la década de 1920. “Prefiero morir que volver al servicio doméstico”, le dijo otra a la periodista Mary Chesterton en 1935.
La difícil verdad es que los testimonios históricos de prostitutas, así como del presente, proveen amplia evidencia de que las mujeres sí eligen el trabajo sexual en condiciones económicas precarias y alternativas laborales terribles. Quizás debido a esto nos cuesta tanto imaginar a la prostitución como un trabajo y tomar en serio las organizaciones de trabajadoras sexuales. Requiere un reconocimiento de que el trabajo sexual está profundamente conectado con la explotación de la economía capitalista de la que todos somos parte. Como George Bernard Shaw escribió en 1912, durante la campaña en contra de la explotación sexual comercial de niñas o “trata de blancas”:
Los salarios de la prostitución están cosidos en sus ojales y en sus blusas, pegados en sus cajas de fósforos y en sus cajas de alfileres, rellenados en sus colchones, mezclados con la pintura de sus paredes y atascados en sus canillas. El mismo barniz de su tinaja y de su taza de té tiene el veneno de plomo que se le ofrece a la mujer decente como recompensa por su trabajo honesto.
En todo caso, las palabras de Shaw suenan más verdaderas hoy, a la luz de nuestra economía global cada vez más perversa, donde el trabajo doméstico, agrícola e industrial barato y mal regulado son vistos como cruciales para satisfacer las demandas crecientes de opulencia y comodidad.

Los sueldos de la prostitución están cosidos en sus ojales’ (‘No Home Life for them’, The Sweated Industries Exhibition, Richard Mudie-Smith, 1906 (Museum of London)
Por lo tanto, en este día internacional de los trabajadores, sugiero que deberíamos pensar en cómo el trabajo sexual está relacionado con los trabajos no remunerados o mal pagos que mujeres (y también hombres, aunque en menor medida, pero no por eso menos importante) realizan para sostener la economía capitalista mundial en condiciones de explotación. Y en lugar de tratar de separar la prostitución del trabajo, deberíamos pensar en cómo nuestra demanda de bienes y servicios lícitos está enredada con la economía ilícita y sexual y en cómo somos cómplices en la mucho más extendida explotación laboral.



 Julia Laite es profesora de historia británica moderna y de género en Birkbeck, University of London. Está interesada en la historia de las mujeres, del género, la sexualidad, el crimen, la migración y la prostitución. Su primer libro, Common Prostitutes and Ordinary Citizens: Commercial Sex in London, 1885-1960  fue publicado por Palgrave Macmillan en 2011. Actualmente está estudiando tráfico y migración de mujeres a comienzos del siglo XX.

jueves, 10 de abril de 2014

Sobre la personería jurídica de Ammar




PUBLICADO EN http://comercioyjusticia.info/blog/opinion/sobre-la-personeria-juridica-de-ammar/

Inecip, como fundación sin fines de lucro e Instituto de Estudios, considera de vital importancia visibilizar la lucha y las opiniones de organizaciones que, como Ammar, se encuentran pugnando por el reconocimiento de derechos garantidos en la Constitución Nacional. Desde este espacio queremos difundir un comunicado que no sólo compete a Ammar sino también a todos aquellos que creemos en las transformaciones colectivas de la sociedad.

Por RRTS* - Exclusivo para Comercio y Justicia


 Desde hace unos meses, en la Provincia se está debatiendo la personería jurídica de Ammar. Frente al rechazo a ese derecho, esta organización, junto a la Clínica Jurídica de Interés Público, interpusieron un amparo que fue resuelto de forma positiva en primera instancia, ordenándose que se reconozca la personería jurídica de la organización. Sin embargo, el Gobierno provincial apeló la resolución en un intento de dilatar un reconocimiento formal que creemos inevitable. Decimos formal, porque el accionar de Ammar preexiste y subsiste a decisiones como ésta, a pesar de que se insista en negar y trabar la lucha por el reconocimiento de las personas como sujetos de derechos, lo que incide de forma negativa en la vida diaria de las trabajadoras sexuales. Frente a esta situación, como Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual (RRTS) queremos señalar algunos aspectos que se juegan al rechazar la personaría jurídica de Ammar. Consideramos que la estrategia de dilación del Gobierno busca: - Invisibilizar la existencia de una organización de la sociedad que lleva años realizando un sinnúmero de tareas, como proyectos educativos, servicios vinculados con la salud, convenios con las principales universidades de la provincia y una guardería infantil. - Silenciar una voz del debate público, aquella que considera que el trabajo sexual debe ser reconocido como tal; una postura que reconoce décadas de activismo político y de desarrollo teórico. Como todo debate sobre un tema que articula diversos aspectos, coexisten distintas posturas, siendo Ammar una de las principales voces que tiene la peculiaridad de enunciarse en primera persona. Son las trabajadoras sexuales las que hablan sobre sus derechos, sus demandas y su posicionamiento político. - Imponer un concepto restrictivo del bien común. Detrás del desconocimiento de Ammar se juega qué tipo de construcción de lo común queremos, como sociedad, defender. Organizaciones como Ammar construyen otra idea del bien común, una idea incluyente, democratizadora, atenta a las demandas y necesidades reales de la ciudadanía. No un “bien común” abstracto, marcado por el prejuicio y por definiciones formales, sino jugado en el tejido de la vida colectiva, hecha de cuerpos, de necesidades y de posibilidades reales. En esa idea del bien común, la sexualidad—que incluye la reproducción, la vida familiar y tantas otras dimensiones— tiene una importancia central. Democratizar la sexualidad es dar un paso para una reconstrucción genuina del bien común. - Defender una postura antidemocrática. Éste es también un debate sobre cuán democráticos queremos que sean nuestros gobiernos. La sociedad civil, las ONG, los movimientos sociales son un componente imprescindible y una fuerza democratizadora. Así lo pone de manifiesto la historia de los derechos ciudadanos ya que, salvo excepciones, los derechos civiles, políticos, sociales y también los sexuales han sido el resultado de una sociedad movilizada presionando al Estado. Deslegitimar a Ammar es, también, pensar que una democracia se construye sin las voces plurales y disidentes que son, precisamente, las que corren constantemente los límites de lo político. Finalmente, pretender borrar a Ammar, silenciar voces de un debate crucial o negar el reconocimiento a una organización que lleva años de activismo es, sin dudas, un acto de fuerte autoritarismo. No hay que coincidir con lo que las organizaciones defiendan para apoyar su reconocimiento, simplemente se requiere de una mirada democrática que entienda que el derecho a expresarse, a demandar, a mostrar nuestra hipocresía como sociedad no puede ser cercenado.


 *Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual.

viernes, 7 de marzo de 2014

Volante 8 de Marzo en Còrdoba, Argentina

Compartimos volante que serà repartido masivamente este 8 de marzo en la movilización organizada en la Ciudad de Córdoba.

lunes, 3 de febrero de 2014

AMMAR Córdoba repudia la inacción de la justicia ante el secuestro de Natalia Suarez

Hoy lunes 03 de febrero en el CISPREN Ammar dio una conferencia de prensa junto a Natalia y sus familiares. Estuvieron acompañando la CTA Córdoba, miembros de la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual y diferentes espacios políticos y medios de comunicación.
                Natalia Suarez, trabajadora sexual, estuvo desaparecida durante 6 días, durante los cuales sus familiares y miembros de AMMAR buscaron incansablemente el accionar de la justicia. Ante la ausencia de respuestas, por sus propios medios emprendieron su búsqueda hasta hallarla golpeada e inconsciente. Recién, y a causa de la denuncia pública realizada por esta organización, el Jefe de la Policía convocó mañana a una reunión para interiorizarse de lo sucedido.
En la conferencia de prensa tanto AMMAR como Natalia y sus familiares repudiaron la inacción, el mal trato y la discriminación por parte de la justicia y la policía. Eugenia Aravena, secretaria general de AMMAR, denunció que la criminalización del trabajo sexual lo hace clandestino y deja a las trabajadoras sexuales en un estado de vulnerabilidad permitiendo que desaparezcan, que sean violentadas. Agregó que esto sucede no sólo por la inacción sino por la complicidad de la justicia.
En este sentido, desde la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual, repudiamos y denunciamos:

-           La inacción policial de la Unidad Judicial N° 22 de Barrio Chateau Carreras por haberse negado a tomar la denuncia de la desaparición y secuestro de una mujer
-          La discriminación, maltrato e inacción de la Unidad Judicial de Alta Gracia (que es la misma división de Trata de Personas) que se negó a tomar la denuncia, ignorando y ocultando las pruebas y los reclamos de lxs familiares, obstaculizando la búsqueda de Natalia Suárez. Además, denunciamos la violencia física y psicológica ejercida por esta unidad hacia lxs familiares de la víctima.
-          El abandono de personas que se produjo de parte del estado hacia una trabajadora, quedando en manos de AMMAR y de sus familiares la búsqueda de Natalia Suárez.
-          La complicidad del estado con las redes de trata y explotación
-          La invisibilización mediática que discrimina a las trabajadoras sexuales, ocultando los verdaderos casos de víctimas de trata y naturalizando las situaciones de violencia cuando se ejerce sobre las trabajadoras.
-          La ausencia del comisario Zárate de la División de Protección de las Personas que no atendió los reiterados llamados de familiares de Natalia y que, hasta el día de hoy no ha dado respuestas.
-          La ausencia de la secretaria de Trata, Amelia Chióffalo que, sólo tras la denuncia pública realizada el día de hoy en la conferencia de prensa se comunicó con la organización para acompañar a Natalia y su familia


Retomamos lo expresado por Natalia Suarez durante la conferencia: “no me siento mal por haber sido una trabajadora sexual porque yo con eso le doy de comer a mis hijos y los crié con eso, no tengo vergüenza de eso. Sí tengo vergüenza de la Justicia que tengo y el país donde vivo, porque yo vivo en un país con democracia, y sin embargo durante siete días estuve vulnerable, nadie estuvo al lado mío, nadie me ayudó. Después de todo lo horroroso que viví en esos días no tengo ganas de matarme, no me quiero morir, quiero seguir peleando y voy a luchar por mis hijos. O sea que cualquier cosa que me pase a mí, mi integridad física, depende de la justicia de Córdoba y cualquier cosa que les pase a mis hijos, a mi familia va a recaer sobre ellos. Y hoy voy a salir a la calle con la frente en alto y la semana que viene voy a seguir con mi trabajo porque es de lo que yo viví toda mi vida y yo con eso le doy de comer a mis hijos”.

Ante esto, exigimos:

-          El inmediato cumplimiento de los deberes de la justicia para que este hecho no quede impune
-          La condena a los autores intelectuales y materiales del hecho
-          La condena a los policías y funcionarios cómplices que desoyeron los reclamos e ignoraron las pruebas de los familiares y de AMMAR
-          El cese de la persecución y discriminación de parte del estado hacia las trabajadoras sexuales

LOS DERECHOS DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES TAMBIÉN SON DERECHOS HUMANOS

AMMAR Córdoba
Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual

lunes, 6 de enero de 2014

Derechos de las mujeres al trabajo…sexual. Por Beatriz Preciado




Fabricación y venta de armas: trabajo. Dar muerte a alguien aplicando la pena capital: trabajo. Torturar un animal en un laboratorio: trabajo. Frotar un pene con la mano hasta provocar una eyaculación: ¡crimen! ¿Cómo comprender que nuestra sociedad democrática y neoliberal se rehúsen a considerar los servicios sexuales como un trabajo? 

La respuesta no debe buscarse de lado de la moral o de la filosofía política, sino más bien en la historia del trabajo de las mujeres en la modernidad. Excluidas del dominio de la economía productiva en nombre de una definición que las convertía en bienes naturales inalienables y no comercializables, los fluidos, los órganos y las prácticas corporales de las mujeres han sido el objeto de un proceso de privatización, de captura y de expropiación, que se confirma actualmente con la criminalización de la prostitución.
Tomemos un ejemplo para comprender este proceso: hasta el siglo XVIII, numerosas mujeres de clases obreras ganaban su vida vendiendo sus servicios en tanto que nodrizas profesionales. En las grandes ciudades europeas, más de dos terceras partes de los hijos de las familias aristocráticas y burguesas urbanas, fueron amamantados por nodrizas.
En 1752, el científico Carl Von Linné publica el panfleto “la nodriza madrastra” (La Nourrice marâtre), en el cual exhorta a cada  mujer a amantar a sus propios niños para “evitar la contaminación de razas y clases” por la leche, y exige a los gobiernos prohibir, en beneficio de la higiene y del orden social, la práctica del amamantamiento por otra persona. El tratado de Linné, conllevará a la devaluación del trabajo femenino en el siglo XVIII y a la criminalización de las nodrizas. La devaluación de la leche sobre el mercado de trabajo, se acompaña de una nueva retórica en torno al valor simbólico de la leche materna. La leche, representada como un fluido material a través del cual se transmite el vínculo social nacional de la madre al hijo, debe ser consumido en la esfera doméstica y no debe ser más un objeto de intercambio económico.
Fuerza de trabajo que las mujeres proletarias podían poner en venta, la leche se vuelve un precioso líquido biopolítico a través del cual fluye la identidad racial y la nacional. La leche deja de pertenecer a las mujeres para pertenecer al Estado.  Un triple proceso se consuma: devaluación del trabajo de las mujeres, privatización de los fluidos, el confinamiento de las madres al espacio domestico.
Una operación similar se está implementando con la extracción de las prácticas sexuales femeninas de la esfera económica. La fuerza de producción del placer de las mujeres no le pertenece: ella pertenece al Estado –es por eso que el Estado se reserva el derecho de poner una multa a los clientes que hacen uso de esta fuerza, cuyo producto debe restituirse únicamente a la producción o a la reproducción nacional. De la misma manera que la leche, las cuestiones de inmigración y la identidad nacional, están en el centro de las nuevas leyes contra la prostitución.
La prostituta (migrante, precaria, cuyos recursos afectivos, lingüísticos y somáticos son los únicos medios de producción), es la figura paradigmática del trabajador biopolítico en el siglo XXI. La cuestión marxista de la propiedad de los medios de producción, encuentra en la figura de la trabajadora sexual, una modalidad ejemplar de explotación. La causa primera de alienación en las prostitutas, no es la extracción de la plusvalía del trabajo individual, sino que depende ante todo del no reconocimiento de su subjetividad y de su cuerpo como fuente de verdad y de valor: se trata de poder afirmar que las putas no saben, que ellas no pueden, que ellas no son sujetos políticos ni económicos completamente.
El trabajo sexual consiste en crear un dispositivo masturbatorio (a través el contacto corporal, la lengua y la puesta en escena), susceptible de desencadenar unos mecanismos musculares, neurológicos y bioquímicos, que rigen la producción del placer del cliente. El trabajador sexual no pone su cuerpo en venta, sino que transforma, como lo hacen los osteópatas, el actor o el publicista, sus recursos somáticos y cognitivos en fuerza de producción viva. Como el osteópata, ella/él usa sus músculos, y él/ella realiza una succión con su boca, con la misma precisión que el osteópata manipula el sistema musculo-esquelético de su cliente. Como el actor, su práctica resalta su capacidad de teatralizar una escena de deseo. Como el publicista, su trabajo consiste en crear formas específicas de placer a través de la comunicación y la relación social. Como todo trabajo, el trabajo sexual es el resultado de una cooperación entre sujetos vivos basada sobre la producción de símbolos, de lenguaje y de afectos.
Las prostitutas son la carne productiva subalterna del capitalismo global. El hecho de que un gobierno socialista haga de la prohibición de las mujeres a transformar su fuerza  productiva en trabajo una prioridad nacional, dice mucho de la crisis de la izquierda en Europa.

Beatriz Preciado es filósofa, directora del Programa de Estudios Independientes del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba). Esta crónica se aseguró en alternancia por Sandra Laugier, Michaël Fœssel, Beatriz Preciado et Frédéric Worms.